lunes, 21 de octubre de 2013

PLUM CAKE DE LA ABUELA CON SORPRESA POR ISABEL KEATS.


 Isabel Keats es, hoy por hoy, una de las autoras españolas de romántica más interesantes. Con su particular estilo hoy nos deleita con una receta de plum cake que rematará con un relato... especial para los lectores de la biblioteca.

¡A cocinar!



Ingredientes:

300 gr de mantequilla
250 gr de harina
1 cucharadita de sal
1 copita de brandy
4 huevos
1 cucharita de levadura
300 gr de azúcar



Preparación:

Se deshace la mantequilla con el azúcar, se retira el cazo del fuego, se añade un huevo batido y se revuelve. Se echa todo esto en un bol.
Mezclar la harina con la levadura y la sal y se va añadiendo poco a poco a lo anterior. También se añaden poco a poco el resto de los huevos. Al final del todo se echa el coñac.
Se unta un molde con mantequilla. Precalentar el horno unos 15 minutos. Se echa la mezcla en el molde  y se mete en el horno a 200º como una hora.
Cuando sube la masa cubrir con papel de plata. Probar a ver si el cuchillo sale limpio como a los ¾ de hora.

AVISO IMPORTANTE: Este plum cake, preparado en compañía de la persona amada, puede producir importantes efectos secundarios en forma de tremenda sorpresa nueve meses más tarde.

¿No lo creéis?

Leed...

—¿Recuerdas el día que cociné la receta del plum cake de la abuela? —preguntó ella con la cabeza apoyada sobre su pecho.
—¡Cómo voy a olvidarlo! Acabábamos de casarnos y tus dotes como cocinera, perdona que te lo diga, dejaban bastante que desear.
Su mujer puso los ojos en blanco.
—Sí, sí, ya sabemos que tú eres todo un Master Chef, pero lo importante es que lo hacía con mucho amor.
—¡Ejem! Estuviste a punto de envenenarme con esa sopa bullabesa el día anterior. ¡Las ronchas que me salieron por todo el cuerpo tenían el tamaño de champiñones, no podía parar de rascarme!
—No seas rencoroso —lo amonestó, dándole un suave pellizco—. Me desafiaste a cocinar algo comestible y recordé el bizcocho que preparaba mi abuela. Fácil y delicioso.
En el rostro masculino se dibujó una expresión soñadora al contestar:
—Y yo me ofrecí a ser tu pinche...
—¡Menudo pinche! Tan solo te dije: «pásame la harina» y ahí empezó el apocalipsis. Reconócelo, mientras medías la copita de brandy aprovechaste para pegarte un buen lingotazo.
—¡Falso! —repuso, ofendido—. Me acuerdo bien de lo que ocurrió. Tú estabas de espaldas batiendo los huevos, vestida con unos ajustados shorts vaqueros y un ridículo delantal lleno de encajes. ¡Encajes, por Dios! ¿Tú crees que Arguiñano se viste así para cocinar?
—No eran encajes, ignorante. Es una simple tira bordada.
—Sí, muy simple —replicó, sarcástico—. En fin, reconozco que estaba algo distraído con semejante visión y, de pronto, te diste la vuelta, me asusté y no pude evitar chocar contra ti.
—Claro, soy tan fea...
—Horrorosa —afirmó, al tiempo que depositaba un suave beso sobre sus cabellos castaños—, pero no te preocupes, yo te quiero igual.
—Muchas gracias —hizo una mueca—. Entonces empezaste a desabrocharme la blusa...
—¡Solo trataba de ayudar! Te habías puesto perdida de harina; pero, yo, pobre inocente, no esperaba encontrar debajo el sujetador de encaje más sexy que he visto jamás. ¡Dios! Sujetador negro semitransparente por arriba y delantalito blanco de chica del servicio por abajo; vamos, la fantasía sexual de cualquier tío sano que se precie. Fue demasiado.
Mientras hablaba, su mano se coló por debajo de la camiseta de su mujer y empezó a trazar círculos con las yemas de los dedos sobre su costado.
—Imagino que fue por eso que empezaste a manosearme de mala manera —comentó ella, tratando ignorar los poros erizados de su piel.
—¡Manosearte! Era una táctica de distracción.
—Me manoseaste hasta que estuve a punto de dejar caer la masa al suelo —insistió con terquedad.
—¿La misma masa que me diste a probar con uno de tus dedos y que luego limpiaste de mis labios con la punta de la lengua?
—¡Esa misma! Me costó Dios y ayuda meter el molde en el horno y programar la temperatura adecuada.
—No me hables de temperatura —gimió—. Si alguien me hubiera puesto el termómetro en ese momento estoy seguro de que hubiera estallado en pedazos.
—Y fue entonces cuando, como el típico poli de una película americana de serie B, dijiste aquello tan romántico de: «¡El pollo está en horno! ¡Vamos al lío!».
—Y te cogí en brazos... —De nuevo se dibujó en su rostro aquella expresión soñadora.
—Y estuviste tres días quejándote de que tenías las lumbares hechas polvo...
—¡Mentira! —exclamó lleno de santa indignación—. ¡Yo soy de Bilbao y estoy cuadrado!
—Y dejamos hecha un asco la chaise longue que acabábamos de comprar... —siguió ella como si no lo hubiera oído.
—Y qué buenos ratos nos ha dado. Una gran compra —golpeó con la palma el almohadón de terciopelo, satisfecho—. Aunque jamás imaginé el terrible efecto que tendría aquel inocente bizcocho sobre ti. ¡Anda que no has engordado desde entonces!
Despacio, se deslizó hacia abajo, le subió la camiseta y besó la piel de su abdomen, distendida hasta el extremo por un embarazo de casi ocho meses.
—Idiota... —Ella lanzó un suspiro de placer y cerró los ojos, mientras sus dedos se enredaban en los cortos cabellos oscuros de su marido. 


Isabel Keats es autora de cinco novelas románticas, todas ellas de gran éxito: El protector, Algo más que vecinos, Empezar de nuevo y Vacaciones al amor, publicadas con Harlequín, y Abraza mi oscuridad, bajo el sello de Ediciones B.

Si quieres saber algo más de ella te invito a visitar su  BLOG o la página de Amazon donde se reunen todas sus novelas  Yo he leído ya un par de ellas y os aseguro que hacen pasar un agradable rato de lectura. Eso sí, no cocinéis mientras leéis a Isabel porque corréis el riesgo de que vuestra cocina sufra un accidente. Absorben tanto que os puede pasar como a mí, que acabé con guisantes desperdigados por las paredes.

Isabel ocupa la letra K de nuestra Biblioteca.

La próxima escritora invitada es...


9 comentarios:

  1. ¡Qué buena receta (me encanta el bizcocho, así, mojadito... hmm...)! Y qué bien acompañada por ese relato.
    Mis felicitaciones a las dos, ha quedado genial.

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  2. Mercedes, te esperamos. La receta es tan sencilla que las fotos son de mi plum cake ;)

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  3. Ha quedado fenomenal, Mayte!! Eres una gran cocinera de bizcochos y letras. Un abrazo!

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  4. Tomo nota de la receta, se ve buenísima, y con lo que disfruto estas cosas. El relato es genial, me ha encantado.

    Besos y felicitaciones para ambas.

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  5. El relato genial pero la receta debe estar de rechupete, la intentare hacer mientras releo otra vez el relato.

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  6. ¡Qué bueno! (sí, el plum cake también) :-)
    Pues parece estupendo, qué buena idea esta cocina literaria, está llena de dulces y saladas sorpresas. Besos.

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  7. ¡¡Me has enganchado a tus letras, Isabel Keats!!
    Ahora no sé qué hacer primero, si leerte o cocinar :)
    Besos!

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  8. Pilar, el lunes te toca a ti. Y tú, Mónica, ve pensando que te espero!!!

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  9. La receta parece deliciosa, pero el relato me parece genial!!! Muy bonito!!
    Felicidades Isabel y Mayte!!!

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