lunes, 9 de diciembre de 2013

PAVO RELLENO DE NAVIDAD CON RAQUEL SÁNCHEZ GARCÍA.


Hoy le cedemos este espacio a Raquel Sánchez García, la autora de Abrazando el olvido y Las brasas de una inocente, Volumen I, novelas que puedes encontrar en Amazon. A Raquel le encanta cocinar, así que se atreve a traer a nuestra Biblioteca una receta potente: Pavo relleno, un plato típico navideño.

¡Adelante!

* * *

Cuando Mayte Esteban se puso en contacto conmigo para que participara en su Biblioteca de Sabores, no sabía muy bien que receta mostraros, puesto que al examinar algunas de las que otros compañeros habían aportado, vi que muchas de ellas estaban incluidas en sus obras pero, en mis libros, no aparecen menciones a platos o recetas, todavía.

Después de pensar largo y tendido en el tema y dado que yo también dispongo de un blog en el que presento los platos que suelo cocinar (Manos a la Cazuela), me incliné por un plato característico de las fechas que se aproximan: Las Navidades.

Muchos de nosotros celebramos estás fechas tan señaladas, reunidos con nuestras respectivas familias. A la alegría que nos llena estos días, al reencontrarnos un año más con nuestros parientes, también se une la tristeza por las ausencias de aquellos que hoy no están, en mi caso, son varios los huecos vacíos que han sido cubiertos por el aumento que se ha producido en la familia, aún así, esos seres que hoy no están físicamente, siguen estando presentes siempre en nuestros pensamientos y corazones.

Es por eso que al mostraros esta receta, que posiblemente muchos ya conocéis, han venido a mi mente recuerdos de cuando era niña. En mi memoria aún guardo sensaciones y sentimientos como si se hubieran producido ayer. Pero antes de contaros una de las muchas historias que he vivido en estas fechas, os muestro mi plato de Pavo relleno:



Ingredientes:

- 1 pavo de 9 kg (sin el cuello pero con la piel y la tripa).
- 2 tazas de aceite (500 ml.).
- 1 taza coñac o Jerez viejo (para bañar el pavo).
- 2 tazas de vino para el aliño.
- Sal y pimienta.
- Sal de ajo.
- 1 cebolla mediana.
- 1 cabeza de ajos.

Para el relleno:

- ½ barra de pan de la víspera cortada en cuadritos.
- 1 cebolla mediana picada.
- 1 o 2 chorizos de cantimpalos cortados en cuadros.
- Un buen trozo de jamón serrano, 250 gr. (cortado en cuadros).
- 1 lata de aceitunas (no rellenas) cortadas.
- 4 huevos duros.
- ½ taza Jerez.


Preparación paso a paso:

1)Limpiar el pavo por dentro con agua y dejarlo escurrir. Sazonarlo por dentro y por fuera.
2) Bañar el pavo con el vino con nuestras manos por dentro y por fuera. Repetir cada poco.
3)     Mientras, preparar el relleno friendo el pan, cuando esté dorado el pan, sacar y rociar con el Jerez.
4) Freír la cebolla hasta que esté dorada y mezclar con el pan.
5) Rehogar un poco el chorizo y el jamón y añadir a la mezcla del pan. Picar los huevos en pedazos pequeños y añadir junto con las aceitunas a la mezcla de pan.
6) Rellenar el pavo y coserlo. Por la parte del cuello también se rellena (para dar buena forma) y se cose cerrándolo con la piel del cuello.
7) Colocar en una pavera. Rociar con el aceite y poner a fuego un poco fuerte para ir dorándolo poco a poco. Si es posible darle la vuelta, y para que no se pegue la pechuga poner un poco de papel de aluminio. Cuando esté dorado se pone derecho (con la pechuga hacia arriba) se pica una cebolla mediana y se pone en el aceite.
8) Cuando pase 1/2 h. más o menos se pasa por la minipimer el ajo, el perejil y un poquito de vino. Triturar y añadir el resto del vino. Colocar esta mezcla encima del pavo. Si está muy dorado tapar con papel de aluminio, pero dejarlo un poco abierto para que no se cueza.
9)  Se va rociando de vez en cuando con el jugo. Dejarlo 1/2 hora por cada 1/2 kilo. Cuando esté hecho pasarlo a una bandeja de servir. Se puede inyectar un poco de mantequilla a la pechuga para que quede más jugosa.
10) Pasar la salsa por un colador y cuando esté fría quitarle un poco de grasa.

Y de postre... un relato.

UN REGALO INESPERADO

Al oír el timbre del telefonillo, salí rauda y veloz persiguiendo a mi madre. Estaba nerviosa tirando de su mandil, ansiosa, esperando detrás de la puerta. Era el día de nochebuena, 24 de diciembre de no sé que año, la primera vez que mi familia se reunía al completo en casa de mis padres. No tendría más de seis o siete años y no recordaba haber vivido esas fiestas con tanta gente allí presente.

Los primeros en llegar fueron mis abuelos, tanto por parte de mi madre como de mi padre. Esperaba con gran deseo su llegada pues, tanto unos como otros, solían cogerme, sentarme en sus rodillas y contarme historias de cuando eran jóvenes.

Ya estaban allí. Después de los saludos, besos y abrazos rutinarios, me sentaron en el medio. A un lado, mi abuelo Ceferino, al otro mi abuelo Lorenzo. Patricia, mi abuela materna, enseguida corrió a la cocina para echar una mano a su hija con los preparativos de la cena.

Sentados en el salón, mi padre recordaba a su madre Sebastiana. En esas fechas tan especiales, siempre faltaba alguien y ella era una de aquellas ausencias. Cuando acabaron de rememorar historias de otra época, mis abuelos comenzaron a contarme sus batallas, aquellas que transformaban en cuentos que yo, con mi edad, vivía como propias a través de mi imaginación y mi fantasía.
Poco a poco el resto de invitados, hermanos, tíos y primos fueron llegando, acudiendo a la cita organizada ese año.

La cena transcurrió tranquila, entre risas y algún que otro llanto. El pavo relleno navideño estaba para chuparse los dedos.  Tanto fue así que la velada no terminó hasta altas horas de la madrugada, acabando por tomar los típicos churros con chocolate.

Cerca de la madrugada, la atención de los presentes se posó sobre mí.

—Raquel, será mejor que te acuestes o Papá Noel no vendrá este año —me decían.
—Ese señor no suele venir a casa, a mí me hacen visitas, me dejan mensajes y regalos los Reyes Magos.
—Quien sabe, lo mismo este año es diferente —me contestó mi tío.

Ese era uno de los motivos por los que yo nunca pedía nada, porque sabía que en Navidad no era el día que yo solía recibir regalos, lo que hacía que quizás, los Reyes Magos, me premiarán por este motivo con muchos más obsequios el día 6 de enero.

—Aún así, ya es hora de que los niños se acuesten —sugirió mi madre.

Cosa que produjo las quejas de mis primos y mías.

Minutos más tarde mis tíos, acompañados por sus hijos y mi abuelo Ceferino, abandonaban mi casa, mi madre me ponía el pijama, a la vez que mi padre junto con mis abuelos preparaban camas y colchones, organizándonos a cada uno en su lugar correspondiente.

No sé que hora sería pero, el ruido reinante en la casa, me despertó. Con los ojos aún medio cerrados, me levanté de la cama, adormilada. Al pasar cerca del árbol de navidad, miré bajó sus ramas.

—Nada, este año tampoco se ha acordado de mi. Se ha vuelto a olvidar.
—¿Qué hablas canija? —me preguntó mi hermano Jorge.

No le respondí, sólo encogí los hombros. Mi hermano Ángel nos miraba mientras devoraba su merecido desayuno de leche con galletas. En ese instante llegó mi hermana Pilar y me cogió en brazos.

—Vamos enana, a la ducha.
—No quiero.
—¿Cómo que no quieres? No seas cochina, hay que estar limpia y quitarte esas legañas.

Tengo que decir que de los cuatro hermanos, yo soy la más pequeña, la diferencia de edad con ellos es considerable, por eso mis hermanos ayudaban a mis padres en mi cuidado y me había convertido, por ello, en el centro de atención de todos.

A regañadientes, más enfadada que contenta y haciendo mohines llegamos al baño. De esa no me libraba nadie.

—Mira a ver si el agua de la bañera está caliente —me ordenó mi hermana mientras abría el bote del champú y el jabón que emplearía conmigo.

Al acercarme a las puertas de la mampara que cubrían la bañera, una de ellas estaba entreabierta, supuse que así lo había dispuesto mi hermana para que entrara el calor del radiador. Enseguida los gritos que comencé a dar se oyeron por toda la casa, haciendo que mis padres y el resto de mis hermanos comenzaran a reírse detrás de mí al ver mi reacción.

—Una bici, mamá, una bici, una bici... —no paraba de chillar.

Ese año debí portarme muy bien. Papá Noel sí me había visitado y los Reyes Magos también me dejaron regalos el día 6 de enero.

Aquella mañana no hubo baño. Mis padres decidieron aplazarlo para más tarde, después que hubiera disfrutado en el parque junto a ellos y mis hermanos de mi nuevo juguete: una BH color azul celeste que me dio algún que otro susto con mis caídas y a mi madre más trabajo cosiendo las rodillas y los codos de algún que otro chándal.

Felices fiestas a todos.
Raquel Sánchez García.





Raquel Sánchez García, nació en 1978 en Madrid. Estudió Gestión Administrativa pero su verdadero sueño ha sido siempre escribir.

Su primera novela comenzó a ser escrita en julio de 2008 y terminada a mediados de noviembre de 2010, días más tarde, el 30 de noviembre de 2010, "Abrazando el Olvido" salió a la luz autopublicado mientras seguía enviando su manuscrito a editoriales para poder ver cumplido algún día su sueño.
Hace unos meses publicó Las brasas de una inocente, Volumen I, una novela juvenil.

En la actualidad se encuentra trabajando en varios proyectos.

Raquel Sánchez García ocupará la letra N de nuestra Biblioteca de Sabores.

3 comentarios:

  1. Cuando he leído el título, he pensado "a ver dónde encuentro yo ahora un kilo de navidad para rellenar el pavo" ;-))) Bueno, en serio, me encanta la receta, me la llevo bien anotada porque es estupenda para tener invitados en casa, seguro que luce mucho. Y el relato de las navidades infantiles es genial. Un besote y mucha suerte, Raquel!!

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  2. Muchas gracias Mayte por darme esta oportunidad de mostrar otra de mis facetas, la de cocinar.

    Además a todos los invitados y seguidores que forman parte de tu biblioteca, les invito a conocer también mis escritos publicados en mi blog Relatos Jamás Contados.

    Espero que al igual que mi receta, no defraudarles y pasar un buen rato degustando los platos acompañados de algunas letras para amenizar la velada.

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  3. Una receta buenísima y un relato precioso; me llevo la primera bien anotada y el segundo en el corazón; gracias por compartirlos.

    Besos y feliz inicio de semana.

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