lunes, 20 de enero de 2014

BIZCOCHO... ¿PERO ESTO QUÉ ES LO QUE ES? POR ÁNGELS OM.

Si cada lunes la receta de la Biblioteca es especial por las manos que están detrás, y que no sólo se usan para amasar los ingredientes sino para regalarnos un relato, hoy... hoy es pura magia porque viene de la mano de una autora a la que todos los que leímos su libro, Siete Historias, esperamos como agua de mayo.

A finales de 2011 tuve la inmensa fortuna de tropezar con Ángels en un grupo de Facebook y leí Siete Historias. A priori se suponía que era un libro para niños pero... o bien soy una niña eternamente, o este libro es mucho, mucho, mucho más. Sin darme cuenta me sumergí en la aventura de estos peculiares seis hermanos y su perro Nikon y desde ese día soy fan de Ángels.



Sé que cuando pueda nos traerá la continuación de esta maravilla, pero mientras esperamos nos regala un relato para la biblioteca, protagonizado por los trillizos, Irina, Carmen, Natalia y Nikon. ¡Ah, y sus padres!

Leed porque estoy segura de que no os esperáis nada de lo que nos va a contar en este... ¿Bizcocho? Bueno, mejor leed y lo averiguáis...

* * *

   Todos sabemos que esto de la tele, va por modas. Ahora, les ha dado por los programas-concurso-reality-show de cocina. Así que, añadimos al consabido cocinero del perejil, el formato tipo “cocina como puedas” donde unos cuantos concursantes, profesionales o amateurs, adultos o casi infantes, nos demuestran su creatividad. Pues una cosa os voy a decir ¿queréis ser realmente creativos en la cocina? ¡Poned un celiaco en vuestra vida! Si además añadís un diabético y alguien con intolerancia a la histamina, tenéis una estrella Michelin garantizada.

   La receta que comparto con vosotros, la encontré en internet, creo recordar que de un foro vegetariano. Y como hay que echarle imaginación para suponer que estará comestible, me vais a permitir que yo, acompañada de mis personajillos, le echemos imaginación a la forma de explicaros el origen y desarrollo de lo que llamaremos…

¿PERO ESTO QUÉ ES LO QUÉ ES?

Estábamos justo en ese momento de la tarde, en el que cada uno, después de hacer sus tareas, podía dedicarse a lo que más le gustaba. Carmen, parecía haber abierto una nueva peluquería y estaba acicalando a sus muñecas. Natalia, hablaba con Alex por teléfono y ya iba por el dieciseisavo “cuelgatú”. Nikon, contra todo pronóstico, dormía en la alfombra. Los trillizos, algo andaban tramando, porque hablaban con las cabezas muy juntas y sin sus habituales alaridos. Y yo, para no variar, estaba leyendo un libro maravilloso, “El medallón de la magia”, una aventura que me estaba llevando a una casa encantada de la mano de un fantasma muy especial.
Por quinta vez, mamá salió de la cocina e hizo la temida pregunta:
   —¿Qué queréis cenar?
Y por quinta vez, todos contestamos lo de siempre. “Tú misma”, “Cualquier cosa”, “Me da igual”…
   —¿Sabéis una cosa? —preguntó mamá sabiendo de sobra que no “sabíamos lo que ella sabía”.— Estoy cansada de que cada día se repita la misma historia, así que, ahora mismo, me decís cada uno un ingrediente y ya miraré que hago con todo eso.
   —¡Garbanzos! —exclamé entusiasmada mientras me imaginaba una sopa con esas legumbres bailando en el caldo.
   —Muy bien Irina —dijo mamá—, ¿veis cómo no es tan difícil? Venga chicos, ahora vosotros.
Si mi madre hubiera visto la mirada de complicidad que se generó entre los tres
aprendices del boicot profesional, creo que se habría retirado prudentemente a preparar una suculenta tortilla francesa, pero ya era tarde.
   —¡Cacao! —gritó con todas sus fuerzas José.
   —¡Naranjas! Que nos hace falta la vitamina C —comentó casi con solemnidad Julián.
   —Carmen, ¿cómo se llaman esos frutos secos que te gustan tanto y que parecen cerebros? —le preguntó Luis a nuestra hermana pequeña.
   —Nueces —contestó inocentemente.
   —Ja,ja,ja, has dicho nueces, ya tenemos otro más y yo digo plátano —se regodeó Luis mientras Carmen se enfurruñaba.
Mamá, parecía imperturbable, por más que la miraba, no conseguía adivinar que estaba pasando por su mente. Carraspeó un par de veces y apremió a Natalia que seguía enganchada al teléfono.
   —¿Puedes por favor decirme tu ingrediente?
   —Jo, mamá, que estoy hablando con mi azucarillo —replicó mi hermana volviendo a su absurda conversación.
Los trillizos ya no podían disimular las carcajadas, añadíamos el azúcar a la lista de ingredientes absurdos y justo cuando pensabamos que la cosa no podía ir a peor, mi padre hizo una entrada triunfal diciendo:
   —¡Bicarbonato, mi reino por un poco de bicarbonato! ¡Es la última vez que voy a comer a un mexicano con un cliente mexicano! Me voy al despacho con una tónica, haber si hago la digestión.
Las carcajadas se convirtieron en lágrimas, revolcones por el suelo y visitas al baño.
Mamá respiró profundamente, dio media vuelta y se dirigió a la cocina. En la puerta, estaba Nikon sentado moviendo el rabo y con algo en la boca que le ofreció a mi madre cuando se paró delante de ella.
   —¡Vaya! Así que tú también te unes a la fiesta —le dijo mientras se agachaba a recoger lo que parecía un papel—. ¿De dónde has sacado tú este envoltorio de una tableta de chocolate? Pues nada, lo añadimos.
Y diciendo eso, entró con paso decidido a la cocina, convertida por un día en laboratorio.
Me quedé muy seria mirando a mis hermanos que no paraban de reírse y les pregunté:
   —¿En qué narices estabais pensando?
   —¡Venga Irina!, no me digas que no te parece divertido  —me reprochó José.
   —Me lo parecería si no pensara en lo que puede pasar —contesté enfadada.
   —¡Pues que va a pasar! —exclamó Julián—, que cuando mamá vea que esto es una misión imposible, pediremos una pizza y nos reiremos todos de la ocurrencia.
   —Chicos —nos llamó Luis que estaba espiando por la rendija de la puerta de la cocina— creo que hemos creado un monstruo.
Nos acercamos despacio, sin hacer ruido y al asomarnos a la abertura, vimos como nuestra progenitora había acomodado todos los ingredientes sobre la encimera y los miraba fijamente como pidiéndoles que hablaran.
   —No puede ser —se lamentaron los tres a la vez—, va a hacerlo.
   —¡Qué! Se os han acabado las risas —dije burlona.
   —No sé de qué os preocupáis —comentó alegremente Carmen mientras le cortaba el pelo a una Barbie—, mami nunca nos daría algo horrible de comer.
Ojalá los demás lo tuviéramos tan claro, ¿cómo narices se puede sacar algo comestible de semejante mezcla?
Durante la siguiente hora, escuchamos ruidos en la cocina. No nos atrevíamos casi ni a respirar. Por fin, mamá hizo su aparición estelar con una bandeja en la que había lo que parecía un pastel. Tenía una cobertura de chocolate y estaba adornado con unas nueces. La pinta era estupenda, pero claro, ¡eso llevaba garbanzos!
   —¿Quién va a ser el primero en probar?   —preguntó nuestro chef mientras servía un generoso trozo en un plato sin disimular una sonrisa algo maléfica.
El silencio se podía cortar hasta que Natalia gritó:
   —¿Será cretino? ¡Me ha colgado! Necesito chocolate.
Fue flechada hacia mi madre y le quitó el plato de las manos. No hubo tiempo para nada más. Se metió una cucharada en la boca y su cara adquirió un gesto indescifrable. Todos estábamos calculando dónde escupiría, cuando dijo aún con la boca llena:
   —Mamá, cada día te superas, es el mejor browning de chocolate que he probado en mi vida.
   —¿Alguien ha dicho chocolate? —preguntó mi padre, que tiene como un detector para el chocolate, asomando la cabeza desde el despacho —. La tónica me ha resucitado y me queda un hueco para el postre.
Acompañó sus palabras con hechos y se sirvió un trozo que le duró un suspiro mientras hacía gestos y muecas de deleite.
   —Os lo dije —nos echó en cara Carmen mientras era la siguiente en probarlo y le daba una migaja a Nikon que se relamía impaciente.
No sé quienes estábamos más sorprendidos, si nosotros o mi madre. Nos miramos los cinco, y con una porción en la mano cada uno, alguien dijo:
   —A la de tres.
Y eso hicimos, contamos hasta tres y mordimos. A todos se nos cambió la cara, ¡estaba delicioso! Entre tanto “ummm” y “ohhhh” Carmen pregunto:
   —¿Qué ingrediente le has echado tú. mami?
   —Huevos, hija, huevos.
Y otra vez nos entró la risa tonta, porque era literal, su ingrediente habían sido los huevos.

Solo os diré que tenéis que probarlo. Lo siguiente que hicimos, fue traer papel y lápiz y hacer que esta receta quedara inmortalizada para siempre jamás.

Esta es la historia y, esta es la receta:

Ingredientes:

200g de garbanzos cocidos en agua (no sirven los de la escudella pero sí los de bote)
1 plátano
150gr de zumo de naranja
La ralladura de una naranja
3 huevos
100g de cacao puro (estilo valor)
140gr de azúcar (stevia o sirope de ágave si hay un diabético entre los comensales)
40 gr de nueces
1 cucharadita de bicarbonato sódico
Chocolate negro para la cobertura (sin azúcar por lo del diabético)

Preparación:

Damos candela al horno y lo ponemos a 175º.
Lavamos y escurrimos los garbanzos. Como consejo os digo que les quitéis la piel, así, os evitaréis alguna que otra flatulencia. Los ponemos en un cacharrete amplio con el plátano y el zumo de naranja. Batidora en mano, sin piedad trituramos hasta que nos quede un puré fino.
Añadimos los huevos uno a uno (un huevo, bato, otro, bato y… habéis acertado, otro más y bato).
Ahora, echamos a saco lo que queda menos las nueces y el chocolate de cobertura (el azúcar, la ralladura de naranja, el cacao y el bicarbonato) y…, así batía así, así.
Incorporamos las nueces picadas groseramente (no, no hace falta insultarlas, solo picarlas a lo loco) y las mezclamos con una espátula, nada de batir.
Engrasamos un molde y lo metemos al horno, unos 40 minutos aproximadamente, dependiendo de cada horno.
Con la cobertura de chocolate, hacemos lo que su palabra indica, deshacer y cubrir todo el pastel. ¡A disfrutar!

P.D. 1 Al no llevar harina, es perfecta para celiacos. Eso sí, aseguraos que ningún otro ingrediente, por ejemplo el cacao o el chocolate, llevan gluten.

P.D. 2 A pesar de que en casa se ha convertido en nuestro postre favorito, Natalia y papá, aún no se han enterado que este bizcocho lleva garbanzos je,je,je.

ÁNGELS OM

Ángels es autora de la novela Siete Historias (o excavando en el pozo de la fantasía). Se puede conseguir en Amazon, tanto en formato digital como en papel. 
Por experiencia os digo que es un regalo estupendo para todas las edades, si tenéis que hacerle el regalo, es una muy buena opción.
Esperamos con ansiedad la segunda parte: Siete Historias y media.
Juntas escribimos un cuento, o una entrevista, o.. una cuentrevista. ¿Os apetece leerla? Pinchad en el título y ya veréis...

Ocupará la letra S de La Biblioteca de Sabores.








 

6 comentarios:

  1. Muy divertido!! Me ha gustado esta familia y su forma de enfrentar el suplicio del menú diario. Enhorabuena, Ángels!!

    ResponderEliminar
  2. Yupiiiiiii. Ya tengo sillón en esta "Biblioteca de sabores" y es muy, pero que muy cómodo.
    Varias cositas. Mil gracias Mayte por permitirme ser parte de tu vida. Es gratificante encontrarme otro "yo" por el mundo. Muchas gracias también por tus palabras y el cariño que le tienes a mis siete personajes.
    En cuanto a la receta, palabrita de niña buena que está exquisita. Os animo a todos a probarla. Si eres chocolatero, te encantará.
    Un besazo para todos y un lametón de parte de Nikon.

    ResponderEliminar
  3. Cómo disfruté de este libro :) Una entrada súper original :) Ya te sigo ;)
    Besos

    ResponderEliminar
  4. jajajaja!!! Qué bueno. Me encanta la historia del bizcocho de...¡garbanzos! Qué original y divertido, en la línea estupenda de la siempre sorprendente Ángels. Es perfecto para camuflar los garbanzos y para cocinar con una sonrisa en la boca. Gracias Ángels!! Bss

    ResponderEliminar
  5. Aún no me he puesto con ella pero prometo cocinarla porque, a pesar de lo curioso de los ingredientes, tengo la palabra de Ángels de que está deliciosa, así que... a probar!!!

    Gracias por pasaros y dejar vuestros comentarios, llenan de vida el blog.

    ResponderEliminar
  6. Que historia mas divertida!! me ha encantado!!

    ResponderEliminar